Los días previos al Miércoles de Ceniza suelen ser un derroche de música y color en Río de Janeiro. La ciudad que alberga una de las celebraciones más famosas del mundo. Pero con Brasil devastado por la pandemia, y siendo el país tiene el segundo mayor número de muertes por Covid en el mundo, el carnaval, como tantas otras cosas, tuvo que ser suspendido.

No fue una decisión fácil posponer la tradición centenaria. Los primeros registros de las festividades de carnaval que se llevan a cabo en Río se remontan a 1723 exactamente.

La última vez que se pospuso fue en 1912 cuando José Paranhos, elogiado como “el padre de la diplomacia brasileña”. Murió una semana antes del festival. En ese momento, el gobierno decidió posponer el carnaval hasta abril y, en cambio, 20.000 personas asistieron al cortejo fúnebre de Paranhos y no al Carnaval.

El punto culminante de las celebraciones anuales del carnaval de Río

Es el desfile en el Sambódromo, en el que las escuelas de samba compiten para ser coronados campeones del carnaval. Pero este año, la enorme arena de hormigón yace desierta bajo un sol abrasador a excepción de la figura solitaria de Darllan Nascimento.

Este personaje ha construido su carrera de 14 años en torno al carnaval y las escuelas de samba. Actualmente, es el director de la sección de batería de Salgueiro. Una de las escuelas de samba más prestigiosas de Río y el mundo entero.

El disfraz que lleva este año es diferente al anterior d, en el que Salgueiro contó la historia de Benjamín de Oliveira, el primer payaso negro de Brasil. Nascimento está sorprendido por el vacío que ha dejado la falta de festividades, lo que le entristece.

Incluso aquellos que no tienen vínculos laborales con el carnaval están sintiendo la diferencia“, dice. “Venían a ver el desfile con mucha emoción, se siente un poco como si estuviéramos privados de él este año”.

Además de dirigir la sección de batería en Salgueiro. Nascimento también es director de percusión en una escuela de samba más pequeña pero no menos importante, Unidos de Manguinhos.

Dice que son estas escuelas más pequeñas las que se han visto especialmente afectadas por la pandemia. “La mayoría de las veces, estos proyectos culturales no cuentan con fondos suficientes y solo sobreviven por el amor y la dedicación de los administradores y la comunidad a la que sirven desde hace décadas”.

Y es que no solo los que participan en los desfiles se han visto afectados. Claudeci Gonçalves es dueño de Mercadinho Estação, una pequeña tienda adjunta al Sambódromo. Ha trabajado aquí durante los últimos 20 años y está conmocionado por el inquietante vacío de la zona y la crisis económica.

En el centro de Río

El propietario de Babado da Folia, una de las tiendas más populares de suministros y accesorios para disfraces, también está sintiendo la tensión del hecho. “Ha sido difícil para todos nosotros trabajar con la oferta de eventos“.

Tuve que despedir a algunos de mis empleados, desafortunadamente y con mucho dolor“, explica Chico. Pero dice que entiende por qué se han cancelado el carnaval y otras festividades tradicionales. “Hay demasiada gente muriendo, debemos ser cautelosos y unirnos a los cuidados masivos”.

José Castro es un empleado de muchos años que ha logrado mantenerse en su puesto. “Siempre he trabajado en el carnaval, ayudando a hacer los disfraces y contribuyo a hacer felices a los demás“. “Incluso desfilé en las carrozas con algunas de las escuelas de samba. Es realmente triste verlo así” comenta.

Arthenia, quien administra Babado, dice que tienen suerte porque no dependen únicamente de los juerguistas del carnaval para sus ventas, sino que también comercializan sus productos entre los seguidores de las religiones afrobrasileñas. Bajo la sombra del Morro Dois Irmãos y el Palacio de Copacabana, los vendedores ambulantes. Que dependen de la temporada de carnaval para sus ventas, luchan por ganarse la vida y sobrevivir.

A pesar de los desafíos que enfrentan los vendedores y todos aquellos cuyos trabajos dependen de la temporada anual de carnaval. La mayoría dijo que entendía las razones detrás de las restricciones y la apoyan.

Con un programa de vacunación en marcha en Río. Dijeron que estaban optimistas de que el carnaval del próximo año volvería a ver las calles llenas de color y de juerguistas con alegres disfraces para celebrar una de las fiestas callejeras más grandes del mundo y una expresión por excelencia de la cultura brasileña y hasta mundial.

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